ÓRDAGO A LA CHICA

El mus es un juego de envite y azar que presenta ciertas particularidades. Además en él no se juega dinero, sino el café, la copa, el puro, la comida o la lotería de Navidad. Antes era un juego exclusivamente masculino. Ahora lo practican cada vez mas mujeres y de forma brillante. Los jugadores no pueden ser prepotentes ni temerarios. Y tampoco responder a las prepotencias y temeridades de otros jugadores con órdagos infundados. Han de tener señorío, hidalguía. Han de tener “seny”. Posiblemente no haya reglas de aplicación general en los juegos de envite y azar. Pero si las hay, en el mus hay una evidente: jugador de chica, perdedor de mus.

   Acabamos de  conocer las preguntas de la consulta popular de Cataluña, aprobadas por los llamados partidos “soberanistas”. ¿Quiere que Cataluña se convierta en un Estado? ¿Quiere que sea un estado independiente?. Sin duda alguna, estas preguntas están más inteligentemente concebidas que la primera pregunta anunciada ¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente dentro de Europa? Pero también continúan siendo preguntas ambiguas, capciosas, confusas, profusas y difusas. ¿Por qué dos preguntas y no solo una? (¿Quiere que Cataluña se convierta en un Estado independiente?). Supongo que son preguntas sucesivas en el tiempo. El no a la primera (cosa poco probable) impediría la segunda. El si a la primera y el no a la segunda supondría una opción por un sistema más federal  o, incluso, confederal, que creo que es realmente lo que se pretende. Pero, ¿pueden los políticos actuales explicar lo que es un estado en el siglo XXI? ¿Pueden los ciudadanos entender una explicación confusa? ¿No es ya Cataluña, como todas las Comunidades Autónomas, estado en singular ? ¿estamos ante otro globo sonda? La fecha, 9 de noviembre del 2014, tampoco es casual. Es inmediatamente posterior al referéndum de Escocia. El pretendido derecho a decidir no es un derecho natural ni un derecho histórico, pues estos no existen. Tampoco esta reconocido en ningún ordenamiento jurídico. Es una mala versión del derecho a la autodeterminación, reconocido en diferentes Tratados Internacionales suscritos por España, y que no es aplicable al supuesto de Cataluña. Es también una simplificación del viejo aforismo “ I pay, I decide”, con el agravante de que este caso concreto falta el “I pay”.

  Posiblemente la o las preguntas finales, si es que se formulan, sufrirán modificaciones Junto a ello creo que, de momento y para una reflexión inicial, es importante destacar lo siguiente.

    Estamos ante un problema político y no estrictamente jurídico. Y política debe ser su solución, en el sentido de que todos los partidos políticos deben realizarse esfuerzos de negociación y dejar de tirarse órdagos. La actual clase política española esta cada vez mas alejada de la ciudadanía a la que representa. No debemos olvidar que nuestro país es experto en “jubilar” a lideres políticos en plena madurez (Suarez, González, Aznar, Zapatero, es decir todos los Presidentes de Gobierno de la democracia). Si continúan manteniéndose debates ficticios, muchos de ellos para encubrir otras realidades (la corrupción, el fracaso en la gestión de los asuntos públicos, las privatizaciones de los servicios públicos esenciales, el deterioro del Estado social en suma, etc…), puede suceder que, en futuros procesos electorales, se produzca una jubilación de toda una clase política, sin que de momento se vislumbre una alternativa seria. Los partidos políticos deben acostumbrarse a “vivir en Constitución”, con todo lo que ello conlleva. De este modo podrán exigir a otros, especialmente a los poderes privados, que también lo hagan. Y una Constitucion no es lo que decide la mayoría parlamentaria. Ni tampoco lo que determina el Tribunal Constitucional. La constitución es la suma de la grandes decisiones políticas fundamentales que adopta el poder constituyente, que es la expresión jurídica de la soberanía popular.

   Jurídicamente hablando, la consulta tal y como esta planteada es inconstitucional y el Gobierno dispone de numerosas armas jurídicas (sin necesidad de acudir al art. 155) para paralizarla. Ahora bien el Derecho no es una ciencia exacta, sino una ciencia del espíritu. Nunca o casi nunca en el mundo del Derecho dos y dos son cuatro. Es posible encontrar argumentaciones fundadas distintas y dispares. Todo ello es cierto. Pero también lo es que si la consulta ahora es inconstitucional también puede reformarse la Constitución para hacerla posible. No debemos olvidar que la reforma de la Constitución es un mecanismo de defensa de la misma, que también defiende la Constitución quien pretende su reforma por los mecanismos establecidos.  Es la hora inaplazable de la reforma constitucional, en serio y no simplemente puntual. Los juristas no somos los protagonistas en este proceso. Pero tampoco podemos ser unos “convidados de piedra”. Y mucho menos asumir el papel  de “juristas persas” que siempre están al servicio del poder o de interéses políticos y económicos determinados. La época del canciller Bismark, aunque generase grandes juristas, no debe olvidarse.

     Sin duda estos días asistiremos a números debates y comentarios en los medios de comunicación social. Los tertulianos, más o menos preparados, están haciendo su agosto. Y los profesionales de la información cumplen, con su estatuto jurídico diferenciado (cláusula de conciencia y secreto profesional), un papel trascendental en las democracias occidentales, a veces sustituyendo a los propios poderes públicos, para crear y mantener una opinión publica libre. Son, en feliz o no expresión “los perros guardianes de la democracia”. Pero no debemos olvidar que el propio concepto de opinión pública fue creado ya en el siglo XVIII por los fisiócratas. Y tampoco hay que olvidar que, siguiendo a Manheim,  no es lo mismo opinión publica que opinión publicada. Ya hemos superado las etapas profesionalista y empresarista de la información. Ahora, en un estado democrático, estamos en la etapa universalista de la información, en la cual esta pertenece al publico y es este, o sus auténticos representantes, los que deben forjar una autentica opinión pública. Lo demás es opinión publicada, importante sin duda, pero realizada por trabajadores de concretas empresas informativas, que responden también a determinados intereses políticos y económicos.

  Y finalmente nos encontramos con la ciudadanía. Nadie puede negar que el pueblo español, o si se quiere los pueblos de España, han dado sobrados ejemplos en estos años de democracia. Es más, la actual crisis económica, institucional y de valores tiene un protagonista positivo: la ciudadanía que se  manifiesta, la ciudadanía silenciosa, pero no tonta, la ciudadanía, en suma, que esta esperando su momento para pronunciarse en un sentido o en otro.

       Dejemos de jugar más al mus. Y si queremos jugar, hagámoslo bien. Dejemos de marear la perdiz y solucionemos los problemas políticos en sede política, ofreciendo soluciones alternativas y no simples noes, y los problemas jurídicos en sede jurisdiccional.

Enrique Álvarez Conde

Catedrático de Derecho Constitucional

 

 

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