MEDIOCRIDAD E IGNORANCIA

Hace unos días hemos asistido a un importante debate televisivo entre Felipe González y Artur Mas sobre el proceso soberanista de Cataluña. Ambos defendieron, al menos con una mínima coherencia, sus respectivos planteamientos. En todo caso, este debate es un caso aislado que se sale de la mediocridad e ignorancia que caracterizan los planteamientos que cada día se efectúan sobre la actual situación. En efecto, cuestiones tales como “españolizar a los niños catalanes”; los diferentes informes de parte que produce el llamado Consejo Catalán de la Transición Nacional; el simple y reiterado “NO” del Gobierno, sin soluciones alternativas; el argumentario pedestre de muchos intelectuales y políticos, con la deriva sin fin iniciada en Cataluña, las capciosas preguntas previstas; el documento elaborado por el Ministerio de Asuntos Exteriores que deja a la “marca España” a la altura del betún ; etc… conducen a un inevitable “choque de trenes” que perjudicará a todo el mundo. También hay algún documento, como el cuestionario formulado por FAES, se comparta o no, que se salva de esta mediocridad e ignorancia, pues plantea las cuestiones, o al menos la mayoría de ellas, con seriedad y realismo. Pero nos hacen falta muchos más debates serios, y mucho más dialogo institucional y social. Necesitamos hacer Política con mayúscula.

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 Frente a ello, el caso escoces y la postura del Gobierno británico revelan una madurez política envidiable, aunque se trata de dos supuestos absolutamente diferentes y de dos ordenamientos jurídicos radicalmente distintos. Y es que hay que dejar las cosas muy claras. Nuestra Constitución no permite, de ninguna manera, la celebración de la consulta popular anunciada en Cataluña. Únicamente sería posible si previamente se reforma la Constitución y se contempla en ella el supuesto planteado. Tampoco son de recibo las llamadas y/o previstas “elecciones plebiscitarias”, pues son un imposible jurídico en si mismas consideradas. Las elecciones son para elegir representantes en el Parlamento de Cataluña, no para plebiscitar una decisión política previamente adoptada, por mucha mayoría independentista que resulte de las mismas. Además, ello entra dentro de la lógica democrática, dentro de la propia posición del poder constituyente y dentro también de la vigencia del principio democrático.

En efecto, el principio democrático debe inspirar la organización y funcionamiento de todos los poderes públicos. Pero el principio democrático, al pronunciarse, encuentra un límite en la legalidad por el creada. Por eso, cuando hay un conflicto entre legalidad y legitimidad democráticas, no se puede prescindir de la primera y acudir sin más a la segunda. Hay que proceder al cambio previo de la legalidad, que también es democrática, de acuerdo con los postulados del principio democrático, y crear así una nueva legalidad. Lo contrario, lo que se pretende en Cataluña, se opone a toda lógica democrática.

Vamos a suponer que hay una mayoría independentista en Cataluña. Pero, ¿por qué hemos de pensar que la hay ahora y no la había hace unos años? Sin embargo, desde Cataluña se dice lo siguiente: el punto detonante fue la sentencia sobre el Estatuto de Cataluña. A nuestro juicio ello no es cierto. Sin perjuicio de reconocer que no es una de las sentencias mas acertadas de nuestro Tribunal, el inicio de este conflicto hay que situarlo, sin embargo, en un contexto mucho más amplio ligado a las relaciones históricas de Cataluña con los poderes centrales: en el Pacto de Tinell, en el documento público firmado por Artur Mas ante notario para propiciar el aislamiento del PP, en la proclamación de Zapatero de que aceptaría el texto del Estatuto aprobado por el Parlamento catalán, en los procesos de recentralización injustificada que se han producido, en la ausencia de una auténtica política estatal en Cataluña que no se arregla con la presencia más o menos periódica de determinados líderes, etc… Y si no ¿por qué el PP aceptó el Estatuto de Andalucía y no el catalán, con preceptos en no pocos casos idénticos?

No sé si aún estamos a tiempo. Si la política es el arte de lo posible, los responsables políticos deberían intentarlo, sin imposiciones y con renuncias. El debate entre Felipe González y Artur Mas es un buen ejemplo. Pero este diálogo hay que realizarlo con liderazgo y no en los despachos, sino de cara el público, con luz y taquígrafos. Toda la ciudadanía, sea o no catalana, tenemos el derecho de conocer las auténticas verdades que han conducido a esta situación. Y, por supuesto, exigir las correspondientes responsabilidades; si es que existen, como así parece, intereses espureos que ocultar. De lo contrario, la mediocridad e ignorancia que caracteriza a buena parte de nuestra clase política no servirá sino para producir un mayor distanciamiento entre esta y la ciudadanía, la cual, cada vez más, acudirá a otras vías para manifestar su desacuerdo.

Enrique Álvarez Conde

Catedrático de Derecho Constitucional

Enrique Álvarez Conde

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